Artículos Selectos

La ucronía y su interés para la historia

Por José Manuel Ventura Rojas.

  • MOORE, Ward (1989): Lo que el tiempo se llevó, Martínez Roca, Barcelona, 201 pp.
  • DICK, Philip K. (2002): El hombre en el castillo, Minotauro, Barcelona, 262 pp.

La preocupación por el rigor y la veracidad al narrar el pasado es el fin fundamental de la disciplina histórica. No obstante, sus cultivadores no solamente se surten de las fuentes más o menos objetivas para hacer su trabajo. Como en el resto de las Humanidades, las creaciones artísticas, independientemente de su objetividad o subjetividad y tomadas en su justa medida, pueden ser de gran valor para ayudarnos a ejercer el don de la evocación de épocas pasadas, o en la aproximación empática hacia los personajes pretéritos a estudiar. A su vez, el método comparativo, usado de un modo correcto, presenta no pocas utilidades para estudiar la Historia. Más que la búsqueda de semejanzas y diferencias concretas entre épocas y fenómenos, se debe perseguir con aquél el análisis de los elementos y fenómenos acaecidos en diversos momentos. Es decir, en Historia comparativa debe primar el interés por conocer cada época y no tanto un establecimiento de semejanzas o diferencias entre varias que puede llevar a forcejeos, omisiones o manipulaciones de datos para que todo encaje en nuestra hipótesis de trabajo.

La «ucronía» también puede resultar útil para redondear y completar nuestros conocimientos sobre el pasado. Para quienes no la conozcan, el nombre de esta categoría del género de la Ciencia Ficción deriva del término «utopía», y parte de postulados del tipo «¿qué hubiera pasado si…?»*. Es similar a la tendencia denominada steampunk —derivado del cyberpunk, tornando sus componentes cibernéticos por las evocaciones de la «era del vapor», de una suerte de tiempos paralelos situados preferentemente en la época victoriana—; pero a diferencia de aquella, la ucronía se centra en un punto de la historia donde todo bascula hacia diversas posibilidades: «¿qué hubiera pasado si Hitler hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial?»; ó «¿qué hubiera pasado si el Sur hubiese ganado la Guerra de Secesión estadounidense?».

Precisamente estas dos interrogantes dieron lugar en su día a dos obras literarias de ficción que se asientan en la cima del subgénero de la ucronía. Nos referimos a las novelas Bring the Jubilee y The man in the High Castle, publicadas por primera vez en 1953 y 1964 por Ward Moore y Philip K. Dick respectivamente, dos maestros fundamentales de la ciencia ficción. Aparte de los atractivos literarios de ambas obras, pretendemos también recomendar su lectura desde un punto de vista historiográfico, pues se puede aprender mucho de ellas. Como en el caso de otros trabajos de «anticipación científica», nos interesa sobre todo señalar y analizar las hipótesis y los ingredientes que sirvieron a los autores para construir sus propuestas de pasados y  futuros paralelos, y no tanto las aproximaciones a la realidad que pueda haber en ellos. Lo destacable son los problemas que se plantean, no el discutir si el autor ha estado acertado o no en predecir un futuro suceso o describir un objeto puntual.

El libro de Ward Moore señala la importancia que tuvieron los acontecimientos a lo largo de la década de 1860 en adelante en la configuración del mundo contemporáneo. Sin unos Estados Unidos en Norteamérica, la situación en el continente y el resto del mundo hubiera discurrido de un modo diferente. Plantea que una guerra de Secesión ganada por lo estados del Sur hubiera supuesto su escisión de la unión y la decadencia de los estados del Norte. Precisamente se centra más en las consecuencias para éstos últimos: el debilitamiento del poder federal, la anulación de posibilidades de una expansión al oeste o, en todo caso, los estados del oeste no pertenecerían a la unión; un desarrollo muy inferior de la Segunda Revolución Industrial en el mundo (especialmente en los campos de los transportes y de la producción en cadena), una situación de resentimiento y hostilidad contra los negros en el norte,… Al tiempo que la situación europea, ya de modo independiente o por influencia de la de América —no se especifica en la novela—, tomaría un rumbo más conservador: prolongación del Segundo Imperio francés,…  Moore nos propone un universo fascinante, con una Nueva York en un alternativo 1938 como la sombra de lo que ha sido y es en nuestro mundo, ciudades con automóviles a vapor y dirigibles, citas sobre literatos y pensadores famosos cuyas vidas podrían haber tomado otro rumbo —«el reverendo Bernard Shaw», «el jefe de policía suizo C. G. Jung», un Henry Adams expatriado escribiendo sobre las Causas del Declive y la Decadencia Americana—, o la pervivencia en el mercado laboral occidental de los sistemas de servidumbre a individuos y organizaciones. Poco a poco, el protagonista de la novela se irá dando cuenta de lo decisivos que resultan en la vida ciertos momentos —una suerte de concepción de la Historia catastrofista a là Thom—, así como las decisiones que se toman en ellos —incluidas las de permanecer pasivo—, y cuestionará los conceptos de predestinación y de resignación ante un destino ya escrito e imposible de cambiar. Se esté de acuerdo o no, da que pensar…

Por su parte, Philip K. Dick nos muestra uno de sus inquietantes universos. Sin dejar de tener su sello de autor, la novela no se cuenta ni mucho menos entre las más difíciles de leer. Ello no quiere decir que sea una obra sencilla. Al contrario, es de una gran riqueza temática, fuente para no pocas reflexiones. Parte de un argumento desarrollado en torno a varios personajes, años después de la victoria de la Alemania nazi y el Japón sobre los Aliados. Nuestro interés no se centra en la credibilidad de la idea de unos Estados Unidos cuyas costas este y oeste estarían dominadas por el Eje, o de los proyectos nazis de viajes interplanetarios y desecación del Mediterráneo. Lo más destacable y valioso de la novela es el análisis que se hace de las culturas japonesa, nazi y en un segundo plano, la estadounidense. Cuestiones abordadas de un modo muy bien documentado, sugestivo y destacable son el fetichismo por las antigüedades, las culturas carentes de originalidad y basadas en la mimesis de elementos de otras —se habla de la japonesa, pero existe en ella un trasfondo de similitudes con los comportamientos estadounidenses—, las dificultades y obstáculos en los diálogos entre culturas y mentalidades diferentes, los totalitarismos, la memoria histórica y su manipulación, el destino… Como en el libro anterior, también aquí aparecen ciertos detalles que el lector culto no dejará de saborear. Y para complicar las cosas, comparecen una novela y su escritor que representan una suerte de alter ego de Dick y su creación en ese tiempo paralelo: el polémico libro La langosta se ha posado y su autor, Hawthorne Abendsen, el mítico «hombre en el Castillo». Para enriquecer la comprensión e interpretación de la novela, recomiendo la lectura del capítulo que le dedica Emmanuel Carrère en la biografía sobre Dick, titulada ingeniosamente Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos —edición española en Barcelona, 2002.

Ya sea con afán escrutador y reflexivo de historiador o como mero divertimento y pasatiempo, la lectura de estos dos clásicos de la literatura —sin limitarnos en el calificativo al género al que pertenecen o considerar a éste algo menor— resulta harto recomendable.

Sobre el autor: José Manuel Ventura Rojas era, en el momento de publicación de este artículo, becario de investigación del Departamento de Historia Contemporánea de la Univ. de Córdoba y Lcdo. en Historia por la Univ. de Córdoba.

Artículo publicado en Isagogé 0 (2003).

* Seguimos la categorización señalada en el pequeño y útil artículo «Une symphonie en 11 mouvements majeurs», Livres de France, 227 (2000), p. 45 —referente a la obra La Science-fiction, Paris, 2000.

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